Rosa envenenada.
Saltas
al vacío del mundo estéril, ajeno del terror que yace detrás del espejo, hechizado
por el dulce néctar de la rosa blanca, que tiene como propósito herir tus
manos. Enajenado miras las espigas que con una hermosa sonrisa, hacen brotar la
sangre; cuando la rosa con carcajada infame ¡Mira tus ojos! desde el suelo y
salpicado su atuendo con ese fluido rojo vocifera maldiciones en tu contra. ¡las
leves gotas de sangre! con hermosa gracia, se impactan contra el suelo, cuando
la vista se pone nublada, el pánico abunda en tu cerebro, la respiración se
vuelve acelerada y los latidos del imbécil que yace en tu pecho, se detienen de
un manera brutal e inesperada.
Autor: Ramón Marcano
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