miércoles, 24 de septiembre de 2014

Rosa envenenada.



Rosa envenenada.
Saltas al vacío del mundo estéril, ajeno del terror que yace detrás del espejo, hechizado por el dulce néctar de la rosa blanca, que tiene como propósito herir tus manos. Enajenado miras las espigas que con una hermosa sonrisa, hacen brotar la sangre; cuando la rosa con carcajada infame ¡Mira tus ojos! desde el suelo y salpicado su atuendo con ese fluido rojo vocifera maldiciones en tu contra. ¡las leves gotas de sangre! con hermosa gracia, se impactan contra el suelo, cuando la vista se pone nublada, el pánico abunda en tu cerebro, la respiración se vuelve acelerada y los latidos del imbécil que yace en tu pecho, se detienen de un manera brutal e inesperada.

Autor: Ramón Marcano

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