IX
En mis ojos se refleja
la sequía,
Cuando miro fijamente.
La putrefacta cárcel de
carne y huesos
donde residía mi
condenada alma.
Quiero llorar como
hacen los demás.
Quiero gritar y decir
que estoy acá.
Pero de mi boca solo
sale el silencio.
Giro la mirada y en una
habitación
Casi
deshabitada,
Miro los pocos rostros
que conocí.
Paso el portal de luz
tenue
y me adentro en lo
desconocido.
Dejando atrás la cárcel
que reposa
dentro
del ataúd.
Autor: Ramón Marcano
No hay comentarios.:
Publicar un comentario