A su imagen y semejanza
El mantenía firme su mirada, su objetivo… Implacable, inhumano.
Con la lengua lame suavemente la sangre que recorre el cuerpo de ella, con una mano la toca, con la otra se masturba.
Mientras ella, pues; es simple; solo guardaba silencio, sus gritos no fueron escuchados, sus esperanzas de ser rescatada se habían espumado, su Dios, la había abandonado…
¿Por qué a ella?, ¿Por qué de tantas mujeres, ese ser despreciable justamente la escogió a ella?, No lo comprende, como un Dios, la había escogido para ser la protagonista, la actriz en esta obra sangrienta, donde no había pedido participar y donde solamente saldría muerta…
Qué clase de Dios morboso, escribió este guion, que clase de ente bondadoso creo a este señor, ¡a su pura imagen y semejanza!
Autor: Ramón Marcano
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